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LA BUSQUEDA DEL ESQUI ATEMPERADO

Publicado por Josune Bereziartu  |  2 comentarios


"La Bsqueda del movimiento circular"

"Dotar de visibilidad a mis emociones y meditaciones es lo que me impulsa a escribir estos prrafos post tras post. La alegra, la tristeza, la valiente constancia, el frustrante pnico, el nervioso miedo, el fecundo movimiento hacia lo desconocido todos alimentan mi intuicin. Y mi intuicin me lleva a la traza original que forman mis eskis en la nieve virgen cuando elijo un recorrido, a la primera y nica huella de magnesio que dejan tras de s los grotescos dedos de mis manos hambrientos de inexploradas texturas en rocas desconocidas an, al privilegiado y singular canto de mis piolets sobre la efmera lengua de hielo que ningn otro conocer en su estado original, al vestigio de la goma de mis pies de gato en paredones inalcanzables. Son el rastro de que yo ya estuve ah. Son la estela codificada de mis emociones que vuelven a mi intuicin para enriquecerla y hacerla aun ms vida de conocimiento y movimiento. Son fsiles en una pared de roca y hielo o en una pendiente de nieve que solo un escalador o un eskiador pueden reconocer"

Hace unas semanas que ya estamos en poca de desempolvar los eskies, darles un merecido bao de cera y arreglar los cantos para que no me resulte tan difcil domarlos cuando se deslizan arbitrariamente sobre el manto blanco que tantas aventuras exclusivas me ha hecho vivir como protagonista. Mis purasangres, sabedores de lo que se les avecina, sonren excitados como lo haca mi querido perro Txispas, cuando yo misma, a una hora un tanto madrugadora, coga su amada correa de paseo que colgaba somnolienta aun de la barra del interior del armario empotrado de la entrada de casa. Txispas, bajaba las orejitas cubiertas de un fino pelo blanco, mova a ras de suelo y a derecha e izquierda su marfilada cola y adoptando una posicin de medio sentado medio de pies, tomaba impulso y dibujaba en el espacio un tremendo salto, casi imposible, en direccin a mi mano. Abra la boca todo lo que poda y ms, y cerrando sus ojitos negros escondidos entre el flequillo rebelde que se desprenda de su inmaculado pelaje albino, daba un carioso mordisco a la correa, a mi mano, a mi chaqueta y a todo lo que se interpusiera entre su correa y sus afilados caninos. Eso s, si senta carne blanda no dudaba un momento en aflojar su nfasis! A Txispas le encantaba descubrir nuevos aromas. As que yo intentaba todo lo que poda en pasearle por recorridos diferentes y nuevos para que su hocico olisqueara placenteramente desconocidas esquinas de casas e ignorados baldosines de las aceras de callejuelas aun sin patear.

Lo cierto es que, en la mirada de mis purasangre puedo leer exactamente esa necesidad de dibujar una traza nica y primera en una nieve virgen suave uniforme y homognea. Al deslizarse suavemente sobre las diminutas estrellitas de cristal, me susurran tantas emociones positivas que impacienta mi impulso natural de transmitirlos a todos los vientos a travs de unos humildes escritos para que all donde se posen iluminen las ganas adormiladas de los futuros y por que no, veteranos montaeros.
Se trata de una bsqueda constante del Nctar de la vida, un perfume escaso guardado en una diminuta esfera de cristal dorado que sin embargo atrae con la fuerza de un sol. Un licor que sabe mejor si eres la primera en paladear todos los aromas que se desprenden al retenerlo unos efmeros segundos en mi poder. Y para encontrarlos he de adentrarme en territorios desconocidos sin red alguna, casi sin resea ni mapas que determinen el camino asfaltado. He de adentrarme campo a travs en donde padezco esas incertidumbres que dotan a mi actividad las emociones y experiencias propias que el tiempo y reposo destilan en delicioso Nctar de vida.


"La Bsqueda en Buena Compaa"

La cita tuvo lugar en el gran parking de la estacin de Sper Bareges. Nuestros apreciados amigos, Xabi e Igor se unieron a nuestras intenciones traveseras de estos primeros das de nevadas serias. Esta vez Rikar y yo misma nos dejaramos guiar tranquila y agradablemente por los gustos y ambiciones de nuestros amigos. De este modo y debido a que en otras excursiones que habamos hecho junto a ellos por la zona de del Midi de Bigorre, el Cremat etc. siempre sala a colacin el comentario de "pues esos valles de enfrente tienen muy buena pinta", Xabi tom la decisin de que la aventura tuviera lugar precisamente en ese entorno tan magntico. Adems la temperatura ambiental y el estado de la nieve descartaba las vertientes soleadas que miran al sur, as que la decisin nos pareci a los cuatro verdaderamente muy acertada. Xabi e Igor, desplegaron un atractivo mapa en el que la estrella era el Pico Neouvielle y trazaron un recorrido cuyo inicio se situaba en la antigua carretera del Tourmalet hoy en da cerrada al trfico- que se ubica a la derecha del gran Parking de Bareges. El primer tercio del recorrido discurra por una travesa bastante concurrida por los sabios y experimentados montaeros franceses. Raqueteros y traveseros estbamos unidos a un punto singular: la llegada al lago Lac Dets Coubous. Pero antes debamos superar una desconcertante pala en la que un alud ya haba dejado bloques enormes de compacta nieve a modo de aviso a navegantes. Zeta tras zeta ascenda a ritmo aparente aventajando a la pequea muchedumbre tan poco deseada por mis purasangre. Pero a pesar de ser la zeta la ultima letra, indicativo sin duda del final del camino, en esta pala, pareca invertir su signo hacia un constante inicio del trazado, y de este modo la meta deseada, all a lo lejos, en el remoto cambio de rasante, pareca huir del horizonte dejando tras de si una espesa estela en la que quedaba atrapada en un constante arranque de intencin. Me senta atrancada en el A B C de la impaciente realidad virtual. Solo encontraba consuelo en la amable compaa del genial y encantador ciclista Igor Anton. A quien esta vez "segua" a rueda ese tras ese, hasta alcanzar la mtica cima del Tourmalet. O seria la orilla del lago?! Perd toda consciencia y sentido de la orientacin y me deje guiar por el instinto de mis purasangres los cuales tomaron una direccin haca una meta sin nombre predeterminado pero llena de soledad y misteriosos couloirs que descubrir. Me llevaban por la orilla derecha en direccin vertical hacia unos corredores enigmticos que me susurraban al odo las magnificencias de sus virtudes. De repente el tangible vozarrn de Rikar borr cualquier misticismo del momento y orden mi presencia en el comienzo del Lago. Descend el puado de metros ganados y desde aqu los cuatro decidimos que lo que fuera que el destino nos tuviera guardado sera un regalo imposible de rechazar por lo que tomamos al unsono la firme decisin de abandonar la traza original marcada en el mapa para continuar por la misma orilla de la derecha haca la base del Pic De Lurtet (2.506mts).

Alcanzar el collado que une el Pic De Lurtet y Pic Des Crampettes (2.484 mts). fue una gran aventura desde el punto de vista paisajstico. El entorno dibujaba una maceta de porcelana, inmaculada, blanca. En sus vrtices asomaban altos y serios, rocosos picachones rojizos muy celosos de hacer guardar el puro y sedoso manto de imperfectas trazas civilizadas. Al llegar al collado aprovechamos para comer alguna cosilla rpida pues Rikar y yo no queramos que decayeran los nimos de subir a la que a la postre resultara muy "picante" cima del Lurtet. Result que la cima finalizaba de verdad en forma de pico estrecho, crispado sin espacio para colocarnos los cuatro y poder tomar una foto tpica de cumbre. Bajamos con celeridad y sin perder la atencin de este incmodo Lurtet hasta el mismo collado anterior donde nuestros eskis nos esperaban impacientes. Nos los calzamos con alegra y desde all, bordeando el Crampettes llegamos a lo alto de un semicirco abierto hacia el nordeste. Este fue el punto culminante, preludio del tan ansiado momento en el que comenzaramos el jubiloso descenso. Mi reaccin ante los eminentes giros en esta inesperada pero formidable pala, escenario del primer descenso serio de la temporada, fue de autodefensa, as que inconscientemente balancee mi cuerpo zagueramente, acercando mis acolchadas posaderas a las colas de mis eskis hasta que mis cuadriceps sintieron fuego en su interior. Un poco mas tarde cuando la consciencia gan al temor y el cuerpo adopt la posicin ptima para la practica del eski, los giros se convirtieron en sencillos pasos de baile. Xabi, Igor y Rikar respiraron aliviados. Cmplices, se sonrieron sabedores de que el resto del trayecto no presentara grabes problemas para su salud. Yo tambin quise participar de su complicidad, pero una vez ms la dura realidad me propinaba zarandeos desequilibrantes que daban con mis huesos en el suelo. Que se le va hacer! Las piedras me obligaron a cuadrar los giros con escuadra, cartabn y comps, as que opt por la sabia paciencia madre de toda ciencia!


"La Bsqueda en Compaa de Rikar"

El da siguiente lleg acompaado de la soledad. Nuestros amigos se marcharon un tanto precipitadamente debido a la ineludible obligacin en el hogar. El amanecer fue sosegado y atpicamente clido para tratarse de una madrugada invernal. El sol golpeaba hegemnicamente con los rayos todas las siluetas que salan a nuestro encuentro dotndolas de una extraa inmovilidad. La quietud y tranquilidad desprendan zozobra en nuestras sudorosas frentes. Ansibamos el viento del suroeste que despeinaba enrgicamente las modosas crestas de los picos all a lo lejos, precisamente donde nuestros nimos queran llegar. No sabamos nada del pico elegido para esta nueva excursin. Pero si estbamos seguros de que la vivencia que nos regalara pagara con creces cualquier contratiempo que perturbara un posible descenso goloso.

Volvimos sobre las mismas trazas que el da anterior dibujamos sobre la nieve hasta alcanzar el Lac Dets Coubours. Aqu tal y como ya sucedi en el pasado, los esquiadores que nos precedieron viraron para nuestro alivio haca el este, al encuentro de las previsibles, suaves y algodonales pendientes en las faldas del Pic De Tracens (2.551 mts). Es la otra cara de la moneda. No descubrir. No sorprenderse. Es el peaje de la certeza y seguridad de que la bajada suceder tal y como lo haban previsto.

Nuestra primera cima estaba en la direccin contraria. Se trataba del pico con nombre de tres mil, Pic Dastazou (2.622mts) Era evidente que la esquiada de regreso de este pico no era precisamente la que un entusiasta del descenso suea realizar. Pero en contraposicin nos ofreca una soledad embaucadora difcil de rechazar. En su lado somital una pequea muralla grantica no muy vertical afloraba de entre la escasa nieve advirtindonos de que s o s los ltimos metros tendramos que treparlos abruptamente en vez de componer unos armnicos deslizamientos sobre la delgada capa blanquecina. La aproximacin la hicimos por un sistema de pequeos y atractivos lagos veraniegos algo singulares y probablemente muy estimulantes para el esfuerzo de una caminata estival. Sin embargo en este preciso momento, al hallarse completamente tapados por una densa capa amerengada, resultaron un obstculo plano y aburrido que tuvimos que bordear pacientemente. Un par de lagos, un tercero y a la altura del cuarto y ltimo, por fin giramos a la derecha, hacia una pendiente que mora tras afrontar un pequeo paso empinado, en la parte ms alta de la cresta del propio Dastazou, desde la que avanzamos, con cuidado, no fuera a ser que finalizramos nuestra actividad en la vertiente opuesta, cayendo en el abismo desde el que una lucecita diminuta anunciaba tintineante el coqueto refugio de la Glere, para alcanzar la bonita cima del pico en cuestin. Ya desde lo alto de la cima recorr visualmente la imponente cresta que serpenteaba tranquila hasta alcanzar el el pico de La Mourelle. Despus se torna agresiva y afilada como queriendo homenajear el nombre de la siguiente montaa. El siempre interesante Pic De Espade que tantas veces hemos visitado en escaladas veraniegas. Por fin la cresta descansa su recorrido en la inmenso mole del Neouvielle.
Bajamos por nuestros pasos en busca de nuestros esqus.
Aun nos sentamos con la suficiente energa para calmar nuestra acuciante curiosidad. As que, all donde pusimos nuestra mirada dirigimos nuestra traza, eso si, en una lnea estrictamente recta, desmereciendo obstculo alguno. Solo el Pic Du Madamet (2.655 mts) se opona a nuestras ambiciones, as que tuvimos que conquistarlo tambin. Aun quedaba la bajada, las infinitas energas se nos escaparon en una profunda exhalacin de aire. Pero la aventura deba concluir! Seguramente merecedora de un capitulo entero que guardare para otra ocasino quizs nojijiji



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Comentarios sobre este Post
2 usuarios han realizado 2 comentarios
  • 2 - Josune Bereziartu - 11/02/2013 - 09:45 - Informar de comentario ofensivo

    Kaixo Javi, cuidate y curate esos virus para poder disfrutar plenamente de lo que mas te gusta!!!Muxus.


  • 1 - Javi Mendizabal. - 09/02/2013 - 00:14 - Informar de comentario ofensivo

    Leo estas amenas lneas, mientras el dichoso catarro que padezco me atenaza, preso de sus virus. Este invierno est siendo de rcord en cuanto a nieve. Hace unos das, las apacibles cimas de la zona del Saioa conocieron las huellas de mis raquetas. Esquiadores tempraneros se deslizaban por los suaves relieves de la montaa Baztanesa, con el Pirineo resplandeciente y blanqusimo como testigo. En ese momento ech en falta a alguien como Txispas, que me precediera en mis raquetadas por las laderas del Saioa.


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Sobre este Blog
Blog creado por Josune Bereziartu el 03/07/2008

En este blog, Josune Bereziartu nos contar todo aquello que le ocurra, en sus andanzas por el mundo y por las montaas junto a Rikar, su inseparable compaero.


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