Atencin

 

     

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DE RETEN

Publicado por Josune Bereziartu  |  3 comentarios


Volvimos al escenario anterior donde el "bendito crimen" tuvo su lugar. Tan solo haban transcurrido cinco jornadas desde el enigmtico suceso en el Punta Escarra, pero tambin haban sido cinco las veces que las precipitaciones nivosas acumulaban en medio metro la nieve fresca que se posara en las suaves laderas del Campanal de Izas.


La evaluacin. Ese periodo que me estimula y rejuvenece es el intervalo en el que mis "illobas" (sobrinos) deben esmerarse a fondo para reflejar lo mucho y muy bien que se han aplicado en las clases presnciales, siempre, de 3 de la ESO. Esa es la teora y tambin la regla general, como muy bien la confirma la excepcin a toda norma personificada en mi queridsimo Joseba, que a pesar de que su voluntad y razn lo azuzan para hacer lo esperado por sus aitas, la lozana y jovial debilidad de sus apasionados catorce aos lo apartan del sendero marcado por una generacin que a veces olvida que ella tambin experiment el atractivo fervor de esos mismos catorce aos.
Estamos de evaluacin! Y cuando estamos en este entreacto en el que Bakartxo se estresa solo cuando su nota baja del nueve y Joseba solo lo hace cuando el reloj de su telfono esta a punto de dar las nueve P.M. y todava no hemos acabado el temario, mi actividad habitual pasa a ser extraordinaria. La agenda que dirige las pautas de mis entrenamientos se cierra hermticamente. Los germnicos horarios que ordenan mecnicamente mi catico sistema fisiolgico dejan de ser prioritarios. Todas las preeminencias que para m son la vida, descubren con celosa envidia, que han sido relegadas a un segundo plano y hasta Rikar y sus anhelos de monte quedan en un limbo. En algn momento, de alguna manera, Joseba me nombro con el ttulo honorfico de Jefa del Grupo de rescate de altos "estudios" y la evaluacin significa que durante un tiempo estar de reten! Pegada a un telfono 112 que suena en cualquier momento y a cualquier hora, ejecuto mis series lo ms certeramente posible. No necesito calentar! El cuerpo y la mente sabedoras del difcil "estado de excepcin" en el que se hallan secuestradas, ponen toda la maquinaria de supervivencia en accin!
Bakartxo y Joseba son mellizos. Son chica y chico, son azul y rojo, son calma y tormenta son autosuficiencia y dependencia. Bakartxo y Joseba son dos gotas de agua que albergan el mismo espritu de libertad y curiosidad, de alegra y felicidad, de espontneas emociones a las que una no puede mas que doblegarse. Son dos gotas de agua, aunque una es todava escarcha en la joven hora del da a punto de alcanzar a su hermana que ya se desliza con predecible naturalidad por estos ptalos de la vida.

"Estoy de retn, debo adaptarme. Lo hago con xtasis y devocin! Y a pesar de convivir en un escenario de inesperada emergencia continua, encuentro mis momentos de montaa y lectura salpicados con algn que otro animado concierto".


El Pea Somola Bajo (2.574 mts.) y el Pea Somola Alto (2.685 mts)

Volvimos al escenario anterior donde el "bendito crimen" tuvo su lugar. Tan solo haban transcurrido cinco jornadas desde el enigmtico suceso en el Punta Escarra, pero tambin haban sido cinco las veces que las precipitaciones nivosas acumulaban en medio metro la nieve fresca que se posara en las suaves laderas del Campanal de Izas. Como en "Crimen Perfecto", habamos concebido un majestuoso y redondo plan para conquistar un ambicioso itinerario en este macizo cuyos recovecos tan bien conocemos cuando la ausencia de nieve descubre el reverdecido tapiz predominante sobre las faldas rocosas de los picos. La meteorologa estaba controlada, el periodo mximo para acometer la intencin tambin. El fsico sera nuestra fiel coartada. Habamos urdido un maratn de esqu + alpinismo para esta salida. Pero por ensima vez, toda la trama quedo al desnudo y no fue porque Joseba llamara alarmado, o porque descuidramos la llave de nuestro destino en cualquier monedero desapercibido. No, la llave estaba en el lugar convenido, pero nuestro compinche haba decidido jugarnos una mala pasada dando el cambiazo del dentado objeto. As que la nueva llave, en lugar de dar libre acceso a nuestras sueos, dieron rienda suelta a la caja de Pandora que la naturaleza ofrece al destino preconcebido cuando quiere ratificar su absoluta libertad. Ese "medio metro" imprevisto pero objetado por los "canfraneros" a nuestras intenciones confiri las dudas razonables para echarnos atrs.

"Estamos retenidos en la comisara del infortunio! Debemos improvisar un relato de los hechos creble y hacerlo realidad!"


Villanua cuenta con Sol propio. Este se alza sobre sus habitantes y los protege con un haz de luz que al extenderse desemboca un socaire amable al que el resto del paisaje aspira envidiosamente. Cuando todo parece irremediable, los senderos que desde Villanua ascienden hacia el Pico Collarada y sus alrededores son siempre un valor seguro.

El punto de partida lo fijamos en el albergue del pueblo, pues la pista desde la que se accede habitualmente en vehiculo hasta el refugio de la Espata estaba totalmente intransitable debido a la nieve. El horario no fue tampoco el usual, a decir verdad, fue un horario ms parecido al de una parejita burguesa que estando de veraneo, perezosamente, disfruta de un aperitivo en una terracita de la "cote dazur". Dilatamos el vigorizante caf y la reconfortante lectura de Tolstoi hasta bien entrada la maana, casi tanto que el camarero estuvo a punto de servirnos unos calamares con vermouth! Y es que la resaca de la borrachera de desanimo y de incmodas llamadas de clientes del trabajo hace estragos

Todo pareca indicar que el estado de excepcin provocara la suficiente desidia como para ahogarnos en un mar de dudas. Pero la certeza que se manifest en la sbita mirada que Rikar y yo nos cruzamos fue la chispa del irresistible impulso que sufrimos de ascender por el sendero de la Fuente del Paco hacia el Espata primero, la cima del Somola Bajo despus y finalizar en el Somola Alto. Bien, era tarde, y el punto de partida era bajo, pero tenamos siete horas de luz para disfrutar de esta tranquila excursin ya que el da haba amanecido espectacular y continuaba radiante. El lugar era controlable. Contbamos con unas frontales y comida suficiente. Pero sobre todo, totalmente compenetrados, poseamos el febril deseo de volver a emocionarnos como lo habamos hecho haca tan solo cinco das atrs.

Normalmente las cosas y situaciones al igual que las personas tienen una doble cara. Las abundantes precipitaciones con forma de inmaculadas estrellitas aliadas estas con unas temperaturas reticentes a sobre pasar el umbral de lo poco confortable han dotado en este caso a este sendero por el que ya transitamos, una belleza inusual y agradablemente sorpresiva. El sendero que llega hasta la Fuente del Paco est jalonado de perfectas conferas que aguantan estoicamente el abrigo de piel blanca y sedosa como queriendo reivindicar que aqu tambin el vido montaero puede disfrutar de un paisaje similar a un bosque canadiense en poca invernal. Tena la certeza de que hasta la fuente el terreno seria bastante confortable pero de aqu en adelante era una verdadera incgnita para mi. El recuerdo veraniego de corretear por un incomodo patatal, estrecho, incierto y con cortitos tramos de una verticalidad realmente temeraria, desataron en mi una tormenta de estruendosas dudas. Pero la nieve ocultando todas estas incomodidades emergi como un sol lo hace cuando la tormenta decide otorgar algo de calma al ajetreado mar. A partir de aqu, los Dioses de la calma como querindome dar la bienvenida haban extendido una alfombra, en este caso blanca, sobre el resto del sendero facilitando mi enrgica transicin. No obstante, los tramos verticales, cubiertos de nieve como ahora, o brocheados de marrn ocre y llenos de desconfiantes pedruscos en verano, seguan manteniendo sus galones y Rikar y yo misma hubimos de presentar armas llevando los esqus al hombro. Continuamos y continuamos por unas trazas que nos alejaron del paso cercano del refugio de la Espata pero al amparo de nuestra intuicin las fuimos dejando ligeros atrs. Estbamos seguros de que ganaramos desnivel y trecho todo junto ms rpido. As ocurri. No nos sentimos cansados, es ms, esta parte del viaje se nos hizo corta, sin embargo hicimos una pequea parada para beber y comer un tentempi a la altura de una cabaa medio derruida desde donde o bien podamos acometer el propio Pico Espata o bien continuar por este terreno que una vez dicho adis al bosque corre extenso hasta abrazarse con las faldas de los dos Somolas y Nevera. Nos deleitamos con el paisaje abierto. A una altitud mucho ms baja y retrocediendo la vista vimos el camino natural que viene desde el refugio el cual no podamos divisar pues las copas de las coniferas que emergen en esta ladera norte esconden sus paredes blanquecinas algo desgastadas ya. Desechamos la idea de ascender el Espata y darnos la vuelta. ramos ambiciosos y una vez avistados los tres gigantes incluso aspiramos a unir a las dos ascensiones idealizadas el propio Pico Nevera en el cual ya abriramos un par de inviernos pasados la va "Sol y acero". Seguimos con los ojos a un grupo de cinco personas que bajaban por la subida normal de la ladera sur del Somola Bajo. Nuestros esqus tomando las riendas del sentido comn, evitaron este trayecto y nos arrastraron por la angostura restando distancia al Somola Alto. Lo cierto es que nuestro pensamiento inicial, definitivamente dependiente de la emocin vivida en el Escarra, nos enga por completo haciendo ampliamente posible la ascensin a ambos Somolas a pesar de nuestro horario tardo. Incluso aprovechando nuestra distraccin con el vuelo del quebrantahuesos nos deslizo en el pac la cima del Nevera. Sin pretenderlo, adems de acercarnos mucho al Alto, tambin aadimos metros al altmetro por la ladera sudoeste, de tal modo que la cima del pico Bajo nos qued a una zancada de pie. Ascendimos a la cima por el zcalo norte. Bajamos rpidamente casi por nuestros pasos. Nos desviarnos hasta lo que nos pareci un pequeo ibon enclavado en un circo calizo espectacular. Desde aqu subimos por unas rampas empinadas y sin esqus hasta el Somola Alto, un pico rocoso y aguerrido muy bonito. Desde la cima, Rikar, seguro de s mismo y con la falsa certeza de creerse no observado, mir de reojo los esqus como anticipndose al gozo de la bajada. Me subray categricamente la tenue luz del sol. Me oblig a despojar a mi hasta aquel momento intocable emocin del Pico Escarra, la sombra del pensamiento de coronar el Pico Nevera. Rikar me orden que dejara de soar que ese da era inagotable, perenne, eterno en la ambicin de mi corazn. Rikar, comenz a bajar sin titubeos y no era cuestin de quedarme all sola, plantada como un rebeco, con las cuatro patitas juntitas en la superficie mnima de la puntita de una roca cuscuseando graciosamente el infinito.

La nieve estaba algo pesadita pero manejable para ejecutar "eses" perfectas. En la esquiada, muy disfrutona, dibujamos escasos giros, de hecho, en un triiiiis, traaaaas triiiiis, el Refugio de la Espata nos recompens una amable y premiada acogida. Estuvimos de chchara un ratito nosotros dos y una bandada de numerosas grullas de viaje hacia el norte que nos sobrevolaron. Mantuvimos una conversacin muy entretenida a pesar de la falta de comunicacin. Cada cual solo atenda a lo suyo: Rikar el campamento base donde estaba la furgoneta, las grullas la reivindicacin de su derecho de sol y yo la evocacin de mi cima del Nevera. El parloteo dur lo que tardamos en engullir cada uno sendos picos de membrillo y quesito. La importancia del tema vol al sur en busca de mejores temperaturas
Todava nos restaba toda la pista, unos diez kilmetros, segn med una vez. Al menos, toda ella es cuesta abajo! La esperanza de que estuviera completamente esquiable hasta el final abasteci de garra a nuestros maltrechos cuadriceps y recarg de nimo a mi gallardo Rikar
Descendimos esta eterna pista todo lo confortable que nos permitieron los dichosos huecos de pisadas que por doquier se sumergan desordenadamente provocando en nuestro cuerpo un movimiento oscilante que acab con la paciencia de mi querido Rikar...
Y llegamos a la barrera! Y nos tuvimos que quitar los esquis! Y aun faltaban tres kilmetros! La nieve se haba encharcado!. Rikar, se par junto a una furgoneta California con tres pasajeros poco habituales para una California. No es frecuente encontrarse un trbol de mocitas guapas interesadas en hacer montaa, dos Tolosarras y una Leridana si no recuerdo mal. Al parecer, Rikar se haba dejado querer para que nos hicieran un hueco en la California. Sin embargo en un alarde de inconsciente vergenza y a pesar de lo tardo del da, me negu en rotundo para desaliento de mi abatido Rikar
Y seguimos pista abajo racaneando cuneta, pero la nieve tambin se agot. Y pasaron las mozas otra vez. Y esta vez me deshice ante su cariosa y providencial insistencia!. Y los msculos faciales de Rikar, por fin se liberaron del presidio de la tensin y la indeseada oscuridad!! Y los mos, al contrario, se tensionaron para ofrecerle una amistosa sonrisa de oreja a oreja! Y este fue el final feliz de la aventura de dos remolones en los regordetes Somolas!. Las circunstancias nos pusieron de reten y aprueba, la actitud y pasin nos obsequi dos cimas y un trbol de la suerte. UN BESO MUY GRANDE A LAS TOLOSARRAS Y LERIDANA



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Comentarios sobre este Post
2 usuarios han realizado 3 comentarios
  • 4 - Javi Mendizabal. - 09/05/2013 - 21:26 - Informar de comentario ofensivo

    Salindome del tema, hoy he estado por primera vez en el Po Baroja. Menudo rocdromo!. Yo hice hace bastantes aos escalada "de andar por casa", y mi hermana, que a sus 47 se ha metido un poco en el mundillo de la cuerda me ha animado para hacer bulder y subir alguna de las vas fciles. Haca 15 aos que no senta ese gusanillo de atarme a una cuerda, y en el bulder he alucinado. A mis 51 me he sentido rejuvenecer de golpe, y, la verdad, pienso repetir, aunque tengo los antebrazos como ladrillos. Aio.


  • 3 - Javi Mendizabal. - 04/05/2013 - 01:33 - Informar de comentario ofensivo

    Llega el verano, pero presumo que en este ao de nieves an hay tiempo para pisar el blanco manto. No conoca las dos peas de Somola, pero por el relato parecen un lugar atractivo. Los Pirineos tienen la gran ventaja de que son tan variados y grandes que una vida apenas da para descubrirlos por encima. 250 millones de aos de historia geolgica esperan a que la breve vida humana los descubran. Breve pero intensa si la acompasamos de nuestros pasos por las alturas y los horizontes infinitos. Besarkada bat.


  • 2 - Javi Mendizabal. - 04/05/2013 - 01:20 - Informar de comentario ofensivo

    Bonita zona para una buena raqueteada. Desde que hace unos 12 aos descubr las raquetas, estas se han convertido en mis inseparables compaeras de nieve. Este invierno ha sido generoso en cuanto a nieve, y apenas hace dos semanas pude disfrutar con un amigo de una bonita ascensin al monte Estriviella (junto al Rincn de Alano). En su cspide, el panorama era autnticamente invernal, como la tarde del pasado 28 de abril, cuando mis pis hollaron la nevada cima del Gazume. Llega el verano...Muxus biontzat.


  • 1 - Josune Bereziartu - 18/04/2013 - 20:12 - Informar de comentario ofensivo




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Sobre este Blog
Blog creado por Josune Bereziartu el 03/07/2008

En este blog, Josune Bereziartu nos contar todo aquello que le ocurra, en sus andanzas por el mundo y por las montaas junto a Rikar, su inseparable compaero.


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