Atencin

Hector Sanmiguel

     

, 15:24

Das de lluvia

Publicado por Hector Sanmiguel  |  0 comentarios




Ahora lo entiendo todo, no existe ningn Mont Blanc ni nada por el estilo. Es un cuento, un burdo y sucio cuento.
Este enviado especial (literalmente) ha decidido revelarlo todo, sacar todos los trapos sucios a ldescubierto. Sentar en el banquillo a todos aquellos que nos han contado una y otra vez esa cantinela desde el inicio de los tiempos alpinsticos. Un canto de sirena que atra a todo aquel que transita espacios montaosos de toda clase, y que habla sobre una blanca y alta montaa en el confn entre Suiza, Italia y Francia. En eso tan verde y caro que se denominan, los Alpes.

Pues por eso me encuentro yo aqu y he de confirmaros, a los que ya erais escpticos, que no hay nada de eso.
Asique reservad la gasolina, cancelad vuestros billetes de avin y volveda guardar lo crampones hasta el siguiente invierno. Agradecdmelo, os he ahorrado una partida insatisfecha de esperas, compras y filas interminables de gente rubia enfundada en las mejores marcas de prendas montaeras.

Todo es caro y todo lleva el nombre de esa montaa invisible. Nos la estn colando a cada instante.


Yo desde que estoy aqu, buscando esa maldita bola de helado gigante slo he visto babosas.
Grandes, pequeas, medianas (el criterio lo estoy desarrollando ahora, en un nuevo artculo publicado en un par de semanas toda la informacin en vuestros kioskos de confianza. Digamos aqu a grosso-modo, que el lmite para lo que considero una mediana rondara los 3,5cm por arriba y 2,2 por abajo). Con antenas/ojos negros, marrones y uno de cada como David Bowie. Tengo ya meditado profundamente que estamos ante un nuevo y prspero negocio, considerndolas como gulas dulces y un buen marketing podemos forrarnos todos.

Las babosas se desplazan a velocidades vertiginosas y a la vez divertidas. Se mueven en un tobogn de baba interminable y no necesitan una altura mnima, donut con asas o flotador. Estamos promoviendo una nueva secta para adorar su translcida y delicada baba. Tengo miedo de que me ataquen en grupo y se coman mi tienda y mis calzoncillos. Cierro las cremalleras con rabia pensando que infundo temor sobre ellas, aunque soy consciente que a las babosas no les detiene nada. Nada.

ltimamente pienso que me gustara pintar alguna por debajo para que, suertuda y sorprendida ella, fuera dejando un LSD-ico colorido rastro por el suelo.


Como no consigo usar mi piolet de otra manera, lo he transformado en una prctica columna para mi tienda de campaa, con el firme propsito de que no se hunda ms y pase de mojarme los pies a que se me mojen los mapas o el escroto y por ah no paso.
Suerte que llevo la pasta de dientes perfectamente hermetizada en una bolsa transparente de cocina, estoy casi seguro que no puede haber algo ms repugnante que utilizar una pasta de dientes hmeda. Esto est definidamente muerto. Los nicos viandantes que localizo son los turistas que se acercan hasta la garita del telefrico de Bellevue, pero al hacer mal tiempo, ste no funciona y ellos se van tristes al hotel, en un ciclo parecido al hotel-playa-hotel tan autorrealizador y espiritual que se dan en nuestras costas. Y en este casola playa est cerrada hasta nuevo aviso.


Mientras yo paso los das subiendo montaas verdes y hmedas ms cercanas al suelo de lo que me gustara. Mi gore-tex ya no da ms de s y ahora deja que la lluvia lo traspase como resignado, cansado de su cometido. Estamo renegociando un nuevo contrato viendo el panorama y el pronstico del tiempo para los prximos das. Como flanes sabor caramelo, crpes prefabricadas y brioches de desayuno con salchichas de frankfurt. Los das pares tambin compro zumo de naranja procedente de concentrado.
Soy afortunado y todava conservo seca una de mis seis zapatillas. La venero como a un dios pero no voy a misa, nunca me ha ido. La toco todas las maanas para recordar lo que era algo seco. El resto de mi ropa est tendida afuera en la tienda, secandose bajo la lluvia.


Chamonix es una ciudad de contrastes. Un burro te rebuzna al oido junto a la calle, mientras un tipo con un moderno sombrero de vaca se duerme en tu hombro en el autobs. Las calles ests repletas de gente enfundada en ropa de muchos colores y caminando con botas rgidas brillantes por el adoquinado, como una bailarina con tacones de aguja. Salgo de all como una rata perseguida por un gato cabrn, en parte por temor a los espacios confinados y en parte por que me he dejado el mvil cargando en los lavabos; cuando una manada de jvenes imberbes me impiden bajar en mi
arada haciendo uso de la preson en grupo contra las puertas, obligndome a ir hasta el final de la lnea, mientras sube un tipo vestido de traje y con dos grandes sacos de patatas, y los pubertosos de mi lado terminan de liarse el porro que empezaron hace seis paradas.

Una hora ms tarde, vuelvo donde est todo muerto y me gusta ms as. Celebro que sigo vivo por todo lo alto, devorando por la calle cual alimaa unos nutritivos cereales de esos de azcar. Mientras cojo otro folleto de la Escuela Francesa de Esqu, para el apretn que milimtricamente me sobreviene estos lluviosos das nada ms terminar de cenar mis flanes.


Todava sigo buscando aquella montaa blanca de la que un da me hablaron. Correr y la estupidez
hicieron el resto y me trajeron hasta aqu.

18-07-2014
Entre:
Les Houches (Francia) y el Aeropuerto de Estambul (Turqua)



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Sobre este Blog
Blog creado por Hector Sanmiguel el 15/06/2014

http://hectorsanmiguel.wordpress.com Correr por las montaas como poesa. Cuando una imagen ya no vale ms que mil palabras La estupidez de las cimas slo superada por la estupidez de los valles.


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