Atencin

Hector Sanmiguel

     

, 11:52

Fiesta en el Pamir - Parte 2

Publicado por Hector Sanmiguel  |  0 comentarios


El tacto de una suave y nutritiva sanda entre mis manos adormece el pequeo enano de miedo de mi interior al alzar los ojos y contemplar como un demente las montaas ms grandes y a su vez atemorizantes que he visto en toda mi vida; a la vez que humedece mi paladar el pensar en sus rojas, pulposas y dulces entraas. Me he aficionado a comprar frutas y pan por menos de 20 cntimos, mucha ms cantidad de la que seguramente (comprobado ms tarde) pueda devorar.

Con la tripa a punto de reventar debido al inmenso ansia despus de casi dos das sin comer, me presento a un joven y terco taxista, con aires occidentales, carcter sovitico y un Mercedes con el que seguramente podra comprar mi casa entera y mis crampones. Lady Gaga destroza (no solamente debido al volmen) mis tmpanos durante el corto e interminable trayecto hasta una especie de casa comunal, que en Espaa ya estara hace tiempo desalojada, donde debera coger mi ltimo transporte hasta las montaas. Una vez all me percato de que no hay nadie en toda la estancia ms que un polvoriento joven dormido (o muerto) en el extremo septentrional de un largo sof. Siempre he sido muy de resistencia pacfica e inmvil, asique aplico mis artes en este episodio y dado que no se ni la hora, ni cuando, ni cmo saldr mi transporte hacia las montaas, decido acurrucarme al lado del hombre polvoriento y dormirme plcidamente.

Unas horas, das o meses despus (podra saber el tiempo transcurrido inconsciente en aquel tugurio por la espesura de una barba masculina pero mi barba apenas crece en un mes) una seora medio borracha pero muy amable (los borrachos amables son los mejores) me despierta suavemente y me indica que mi transporte ya est aqui. Ninguno de mis lectores ni yo mismo todava conoce cmo esta ebria mujer saba mis propsitos, mi nombre, mi reserva y todo tipo de detalles acerca del viaje, o al menos pareci saberlos. De una u otra forma, an si no fuera yo al que se refera, aprovecho la coyuntura y salto adentro de una furgoneta de la U.R.S.S sin ninguna duda de la segunda guerra mundial, que al parecer, por fn me conducir a las montaas.

Afortunadamente para m, pude digerir en velocidad record toda la sanda y el pan que haba comprado antes de montarme en este maldito aparato. El polvo del camino invade el habitculo haciendo complot con el inmenso calor de la llanura Kirguiz, llevandonos poco a poco hacia el coma inducido. Lo cual , a buen seguro, har rer a unas cuantas familias nmadas que nos observan por el camino. Tras horas y horas de sentirme como estando dentro de una coctelera sucia y con hombres sudorosos, comienzo a crear mi propio estilo para viajar en este tipo de vehculos; suspendiendo la cabeza en el aire y dejando que sea el resto del cuerpo el que bailote al ritmo que marca el conductor ms ruso y ms psicpata que nunca me haba cruzado. En una tcnica muy similar a la que utilizan las gallinas cuando las llevas de un lado para otro sobre las manos. La naturaleza sin duda es ms sabia.

Consigo no vomitar en el largo y agotador trayecto, y nuestro conductor ha conseguido no dormirse en la noche, con lo que lo celebramos por todo lo alto al estilo local bebiendo leche de yak rancia y arroz con carne. La noche ya ha cado hace horas en este rincn del Pamir, el fro es intenso, el sueo entumece y mi trasero est plano como una carpeta ; pero intento distinguir, antes de entrar en una solitaria tienda de plstico donde un lituano vido de conversacin me espera, alguna de las montaas que aqui viven, tan lejos siempre de m y ahora, por fin, tan cerca.



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Blog creado por Hector Sanmiguel el 15/06/2014

http://hectorsanmiguel.wordpress.com Correr por las montaas como poesa. Cuando una imagen ya no vale ms que mil palabras La estupidez de las cimas slo superada por la estupidez de los valles.


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