Atencin

Hector Sanmiguel

     

, 18:06

Fiesta en el Pamir - Parte 3

Publicado por Hector Sanmiguel  |  0 comentarios




Un ex-convicto sovitico me devuelve a una realidad paralela que no me gusta especialmente, la de mandbulas rozando el suelo, narices profundamente quemadas, casi necrticas y olor a letrina con abundante carga. Algunas conversaciones se suceden en un idioma propio del valle, entre el ingls y el kirguiz del sur, donde por un par de galletas de chocolate consigues fcilmente un refresco o un pan seco para almorzar y un zumo.

Grupos de indigentes, entre los que me incluyo, con ms pinta de estar esperando su peridica dosis de metadona que de subir pirmides heladas, alzan voces y manos enrgicamente al aire, como queriendo ahuyentar al leopardo de las nieves, pero trazando con los labios y las enegrecidas manos nombres y formas de montaas ininteligibles para los mortales.

Sin duda alguna aqu los ms engreidos, tercos, antipticos y dados a la pica son los rusos.

El sol rasga las cimas y me odio a mi mismo por no poder ir a ellas dado mi lamentable aclimatacin y por ende, de salud, despus de medio mes de encarnizadas luchas con babosas y otras fieras del averno. Si a esto unimos que el nico alimento que he tenido la suerte de devorar en cuatro das ha sido las ya odiadas berenjenas servidas en los aviones y dos sobres de diez gominolas de osito.
Recargo mi imaginacin en un ltimo chispazo pre-lipotmico y quedo con algn que otro drogadicto-megalmano de las montaas, para subir a 4500m.


Definitivamente los rusos no me caen nada bien. Estoy dando una oportunidad a estadounidenses y alemanes y para mi sorpresa la cosa marcha. Los boles de leche de yak con arroz agrian el carcter a cualquiera y al parecer los compaeros soviticos cayeron en la marmita como imberbes.


Un sol radiante me saluda hoy nada ms abrir la mohosa cremallera de mi tienda. Consigo rapiar algunas galletas con forma de I-phone, o eso me han dicho, y mientras comienzo a andar me las como, siempre empezando por la antena.

La familia telern avanza vida de sensaciones y taquicrdica por la altura, felizmente conformada por un uzbeko en chndal, un alemn rico, un lituano miltilnge, un turco con una cara muy graciosa, un ruso (al que yo vote por no dejarle entrar en el selecto grupo) y yo, que no tengo nada claro si soy de algn lado.
Conformando un fcil ritmo para cualquier lisiado como yo, engullo lentos metros precedido muy de cerca por el rico alemn (no por el sabor), del que de haberme regalado (o matado y robado) uno de sus bastones para correr Ultra-Trails, hubiera podido pagar todo mi viaje.


He decidido matarlo.


He oido en la televisin a un hombre barbudo y seseante que en tiempos de crisis son necesarios grandes sacrificios y aunque soy inexperto en estos artes del asesinato confo en cogerle el gusto con los rusos que hay en el campo base.

Estoy demasiado cansado y mi corazn va tan rpido que no consigo alcanzarle y me arrastra hasta la desrtica cima de mi primera montaa del Pamir con el cido lctico saliendo por todos mis orificios vitales. No la disfruto mas que por poderme desplomar unos cuantos instantes sobre una roca y que mis espumantes fauces trituren una de las galletas-Iphone que haba guardado en el bolsillo.
Intento lanzrle un trozo del teclado de la galleta al alemn para matarlo, pero las fuerzas estn ms que justas y el suculento pedazo describe una parbola en el aire hasta caer rendido a unos de los caros pies del rico germnico.



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Sobre este Blog
Blog creado por Hector Sanmiguel el 15/06/2014

http://hectorsanmiguel.wordpress.com Correr por las montaas como poesa. Cuando una imagen ya no vale ms que mil palabras La estupidez de las cimas slo superada por la estupidez de los valles.


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