Atencin

Hector Sanmiguel

     

, 14:09

De dolos y penurias

Publicado por Hector Sanmiguel  |  0 comentarios


19/01/2015 -



- "dolo"- Me grita un pobre diablo con gafas de espejo y con un diminuto, hitleriano y ochentero bigote adornando sus finos labios. Me adelanta y me mira fijamente, con pose incrdula y sonrisa a media cara.
Se lo comenta a sus compinches.
Estos bajan por mi lado derecho, tambin muy cerca de mi. Me miran con similar desprecio y asombro. Se cruzan en mi trazada mental y ren asustados.

A das me duelen las piernas y a das se sienten obesas. Sus crujidos matutinos al pisar la alfombra volcando mi cuerpo desde la cama, tan cmoda, tan suave, tan poco dada a lo heroico, me recuerdan que estoy aqu por algo, me devuelven a la realidad del fro viento en la cara.
El cielo es profundamente azul y no recordaba tan poca nieve en estas montaas.
Mis camisetas de tirantes y mis pantalones cortos se quejan, por su inhabitual uso en esta poca, por su descanso interrumpido.



Me encuentro profundamente aturdido, mi pequea casa huele a humo. Le soplo a la televisin y trato de apagar la chimenea con el mando a distancia. Me gasto los pocos euros que an me quedan en unas zapatillas nuevas, dos pares se me rompieron la misma semana. Cada vez hay menos en mi terraza y cada vez, veo ms y ms montaas que me hablan.

A das las odio y a das soy ellas, siempre entre sus rocas, siempre entre su nieve, sus aristas, sus cimas y sus oscuras laderas. Vivo en una casa y paso todo mi tiempo en mi furgoneta. No aprovecho ni el tiempo ni el dinero, ya lo saba antes de venir aqu, por el contrario, cuando vivo en mi furgoneta, siempre estoy en casa de alguien. Incoherencias matutinas me susurran al odo las brasas que an arden en mi chimenea. Sujeto la pesada taza de t con la fuerza justa entre el cansancio y tener que fregar el suelo. Ninguna de las dos asumibles en las delicadas horas del amanecer. Con las fuerzas que an conservo salgo hbilmente oxidado en busca de emociones y riachuelos frescos, donde hidratar mis adentros y donde remojar mis nuevas zapatillas.



Las carreteras estn abarrotadas de curiosos humanos con palos de colores encima del techo de sus caros vehculos. Escapo raudo a los bosques y trato de observar desde lo alto el esperpntico baile de los remontes, las cafeteras y los abrigos por las rodillas. Continan los cielos profundamente azules en medio del invierno y me desconciertan, subo picos cercanos al valle e intento alguno ms alto con ms bien ningn xito. Me arrastro por una cima completamente helada con el miedo saliendo por las orejas y sin crampones. Dos horas de tallaje de escalones a lo Rebuffat son el peaje para poder regresar al coche y comer chocolate.



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Sobre este Blog
Blog creado por Hector Sanmiguel el 15/06/2014

http://hectorsanmiguel.wordpress.com Correr por las montaas como poesa. Cuando una imagen ya no vale ms que mil palabras La estupidez de las cimas slo superada por la estupidez de los valles.


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