Atencin

Las montaas como pretexto

     

, 19:30

DE LOS MONTES ZAGROS AL MONT BLANC

Publicado por Snaefells  |  0 comentarios


El largo camino de la pintura hasta la alta montaa

Reconozco que el ttulo es engaoso y que esperarais ms de lo mismo, pero no. Hoy toca aproximarse a la montaa de forma refinada y cultureta.
El medio que tanto amamos tiene numerosas caras y sta es otra. Disfrutemos tambin con ella. La presentacin del final puede ayudar

Desde antiguo las altas montaas han sido el refugio destinado a los dioses que, de habitar en lugares ms accesibles, pronto se hubieran desvelado como inexistentes. El mito precisa de esa distancia para mantener su condicin.
Los ejemplos son numerosos en todos los continentes: el Kilimanjaro (volcn de Tanzania, 5895 m.), Ngane Ngai (casa de Dios) para los masai, el Ausangate, (Andes del Per, 6372 m.) uno de los ms importantes apus (dios de la montaa) para los incas, el Kailash (Himalaya tibetano, 6714 m.) todava inviolado, montaa sagrada para tres religiones: hinduismo, budismo y bon, el Sina de judos y cristianos (Egipto, 2285 m.), los rabes lo llaman djebel Mussa (la montaa de Moiss), donde Dios (o Yahv o Al) le entreg las tablas de la Ley, el Olimpo (Balcanes de Grecia, 2929 m.), morada de todos los dioses de la antigedad encabezados por Zeus.
Desde el origen de los tiempos estas alturas sagradas y otras muchas tuvieron vedado su acceso, rodeadas como estaban de supuestos peligros y reales prohibiciones. Tambin su representacin en las artes plsticas figurativas fue muy limitada, si no inexistente, lo que era otra forma de acentuar su distancia, su inaccesibilidad y su misterio.
Es una autntica excepcin la primera montaa en el relieve de la estela de Naram-Sin (2250 a. C. M del Louvre) en la que aparece este rey acadio, vencedor de los lullubitas (pueblo de los montes Zagros) casi en su cima sobre la que brillan dos divinidades astrales. Es un pico de cima redondeada que, ms que reproducir siquiera el perfil idealizado de una montaa, adopta esa forma para adaptarse al marco impuesto por el remate del bloque de arenisca en que se ha labrado. Se trata de una escultura, s, pero su carcter de bajorrelieve y su ms que probable policroma original hay desaparecida lo avalan como referencia.
Y nada ms durante milenios. Las figuras humanas y de animales fueron rellenando paneles de pinturas y relieves sobre fondos sin paisajes, moncromos y planos, porque colocar uno no slo introduca lo accesorio en una escena de contenido sacro frivolizndola, sino que planteaba graves problemas tcnicos para representar la tercera dimensin, profundidad, al tener que situarlo "detrs" en un soporte que slo tiene dos, alto y ancho. As no encontramos nada que podamos llamar paisaje, y menos de montaa, en los relieves de caza asirios, en las pinturas murales de ultratumba egipcias, en los dioses y hroes de la cermica pintada griega, en los mosaicos de las villas romanas y de las iglesias bizantinas, en los frescos y frontales de los monasterios romnicos, en las vidrieras y retablos de las catedrales gticas.
Y en esto hemos llegado a la Baja Edad Media desde las primeras pinturas paleolticas.
Es entonces, prcticamente ayer, cuando todo cambia de la mano del genial Giotto di Bondone (Primitivo Italiano del s. XIV). Adelantndose un siglo al gtico que se resiste a morir, este pintor abri en Italia el camino al Quattrocento renacentista con sus pesadas y dramticas figuras cargadas de realismo situadas en un paisaje tan real como ellas y a veces montaoso. Pero esas montaas no dejaban de ser un complemento acartonado del tema religioso protagonista (episodios de la vida de Cristo o de san Francisco de Ass) plasmadas con realismo y volumen s, pero sin el menor asomo de observacin del modelo. Un rbol representaba un bosque y una roca una montaa As pint a la Sagrada Familia en la Huda a Egipto, transitando sobre una repisa rocosa por delante de dos formaciones montaosas totalmente mentales. En algunos otros paneles de la capilla Scrovegni de Padua (1306), Giotto utiliz este mismo recurso primitivo (la Natividad). Ya lo haba ensayado antes en los frescos de la baslica de Ass (Milagro de la Primavera, 1299).
Al llegar el Renacimiento primero a Italia (s. XV, Andrea Mantegna, La oracin en el huerto, 1455)) y luego, muerto el gtico, al resto de Europa, pocas cosas cambiarn. El nuevo sentido racionalista, la bsqueda de unidad y sntesis en la obra de arte y el idealizado antropocentrismo apenas dieron oportunidades a la plasmacin de montaas poco "pintorescas" (dignas de ser pintadas) por inmviles, speras, lejanas e inhspitas. Prescindibles. Pero las pocas veces que aparecen, ya son montaas de verdad y no mentales. Unas existen realmente, como los pinculos dolomticos de la Virgen de la Rocas de Leonardo (1486) y otras, aunque no, son perfectamente posibles, como los picachos nevados de los Cazadores en la nieve de P. Brueghel el Viejo (1565).
Pero si esta etapa contenida y racional se posicion negativamente frente al espectculo de las montaas, el barroco (siglos XVII y XVIII) desbordante y sensorial lo har definitivamente suyo. Ya algunos pintores adelantados, los manieristas, lo haban intuido unos aos antes, (el monte Sina de El Greco en su etapa romana, 1572).
El nuevo estilo incorpor nuevos temas al pomposo repertorio clsico de religin, mitologa y retrato. Ya antes naturalezas muertas, escenas de costumbres y los fondos paisajsticos aparecan como elementos secundarios. Pero en el barroco adquirieron protagonismo: haba nacido la pintura de gnero, el bodegn y el paisaje. Pero dentro de este ltimo, la montaa se resista. Se prefera el paisaje urbano donde se vive (vistas de ciudades), su entorno donde se cultivan los campos (paisajes buclicos) junto a los ros (fluviales), los bosques donde se caza (pintura cinegtica), el mar por donde se navega y se pesca (marinas); el paisaje habitado y productivo, en definitiva hospitalario. De montaa poco.
Slo una escuela considerada menor y cuyo entorno habitado y hospitalario era, por naturaleza, montaoso, dio a la montaa un carcter protagonista dentro del nuevo gnero. Pero adems, y por primera vez, lo har con el carcter de un "retrato": no se pinta una montaa inventada como hicieron los pintores gticos, tampoco la montaa idealizada de los renacentistas; es "esa montaa", reconocible como el personaje de un buen retrato fisonmico. Y todo lo que de terrible y repulsivo ha tenido el paisaje montaoso hasta ahora se vuelve sutil y atractivo.
En este final del camino, ya avanzado el siglo XVIII, nuestros pintores protagonistas son Johann Ludwig Aberli (1723-1786), el pionero, y sobre todo Caspar Wolf (1735-1783). Cualquiera que haya visitado los Alpes berneses identificar la Cascada Staubaach en el valle de Lauterbrunnen grabada por el primero (1768) y pintada al leo por el segundo (1777). De este ltimo son perfectamente reconocibles sus paisajes glaciares con el manifiesto retroceso de los hielos desde entonces: Grindelwald (1774) o El glaciar del Rdano (1778).
Por esas fechas algo estaba cambiando en la percepcin que el hombre tena de las montaas. Y no slo entre quienes las tenan como modelos para sus cuadros. Balmat en 1860 haba ofrecido una recompensa de 20 tleros a quin encontrara un camino de acceso al Mont Blanc. En 1786, recin desaparecidos los pintores anteriores, Balmat y Paccard alcanzaron la cumbre. Cientficos y guas locales hicieron nacer entonces el alpinismo en el ambiente favorable de la Ilustracin. Pero al mismo tiempo, el racionalismo neoclsico de nuevo se present como un lastre para estos artistas que pintaron sus montaas desde el valle porque "la inmensidad del espectculo aplasta o desconcierta el sentido de la proporcin pictrica la voluntad personal queda paralizada, todo deseo de invencin se destruye" (H. Delaborde). Nunca fueron considerados pintores de primera lnea.
Pero justo aqu, tom el relevo otro artista que, adelantndose al romanticismo, rompi con esos temores y, como el primero de los pintores-deportistas, remont laderas, cruz collados, se aproxim a las cumbres, conoci la montaa de cerca y pudo as captar "su espritu": Pierre Louis de la Rive (1753-1817), tambin suizo, pint el primer retrato, no solo fisonmico sino casi podramos decir psicolgico, de una montaa: el Mont Blanc visto desde Sallanches en el ocaso (1802). Por primera vez la visin de un cuadro de montaa nos transmite la misma emocin que sentimos al escalarla. Tampoco ha sido considerado un gran pintor, pero por fin el camino a la pintura de montaa (Bergsteigermaler) ya estaba abierto, y otros pintores-alpinistas lo recorrern, desde Whymper a Platz, Samibel o Montoro.







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Tags: Arte

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Blog creado por Snaefells el 21/04/2015

Para quienes estn un poco cansados de tanta fotografa y resea tcnica.


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