Atencin

Las montaas como pretexto

     

, 18:53

LA BTT, LA SIERRA DE GUARA Y EL MAESTRO DE BOLEA

Publicado por Snaefells  |  0 comentarios




La mountain bike no es, pese a su nombre, el mejor vehculo para subir una montaa pudindolo hacer a pie, trepando o escalando.
Tampoco la bicicleta es la mejor forma de recorrer grandes distancias por carreteras atestadas de coches con conductores "ciclicidas".
Aunque siempre habr quin guste de subir la bici a una cumbre o de sentir en la oreja el bufido de un triler.
S es, me parece, la mejor forma de desplazarse en distancia medias, por media montaa, con mediano esfuerzo y riesgo, disfrutando medianamente del recorrido y de las sorpresas que nos depara; por caminos, por pistas, incluso por carreteritas olvidadas.
Al menos lo ser para aquellos que hacen bueno el ttulo de este pequeo blog que, sin quererlo, ha resultado ser el mismo que el del interesante libro de Juan Luis Salcedo "La montaa como pretexto", de quin lo tomo prestado con su permiso. Y con mi agradecimiento.

La Sierra de Guara, en el Prepirineo oscense, rene todas las condiciones para recorridos de descubrimiento en este arranque de la primavera con nevadas tardas que incluso blanquean las cimas menores del guila, Gratal y Puchilibro.
Por la ladera sur de estos ltimos, a la que se llega fcilmente desde la misma ciudad de Huesca, discurre un magnfico recorrido que, desde las Gorgas de San Julin de Lierta -afortunadamente olvidadas por las multitudes barranquistas de Rodellar y Alquzar- se dirige al oeste por el mtico reino de los Mallos, camino de Bolea, Loarre y Riglos.
Es cierto que a todos estos famosos lugares se accede cmodamente en coche. Pero tambin lo es que no ven lo mismo el turista motorizado que llega desde el llano y el esforzado ciclista que, bajando de la Sierra, descubre los Mallos desde el mirador de los Buitres, o el castillo de Loarre desde los pinares de Anis.

Pero el primer descubrimiento se habr hecho antes de llegar all. Despus del largo descenso hasta Puibolea se alcanza Bolea por una carreterita de juguete. Hay que apretar el pedal por sus empinadas callejuelas hasta subir al punto ms alto de esta atalaya que fortificaron primero los musulmanes para la defensa de Huesca y luego los cristianos para su reconquista. Por eso hay restos de un castillo rabe del siglo X y de una iglesia romnica del XII.
Pero en este estupendo mirador sobre la Hoya de Huesca, lo que realmente llama la atencin es su gran Colegiata levantada a mediados del siglo XVI. Enorme, poco airosa, desproporcionada, gris, mastodntica. Dan ganas de no acabar de subir la cuesta, dar media vuelta y dejarse deslizar desencantado hasta el llano sin dar un solo pedal.
Sera un gravsimo error.
Hay que aparcar la bici bajo la portalada ojival, pagar los 2,5 euros de la entrada y traspasar la puerta.
Entonces se entender, sin necesidad de ms explicaciones, que la verdadera arquitectura consiste en la creacin de espacios habitables: en este caso tres naves de la misma altura cubiertas por bvedas estrelladas sobre pilares fasciculados. Espacio unitario renacentista con fuertes influencias gticas. Planta de saln de gran tradicin aragonesa. Un espacio para el espritu.
Desde cualquier punto se abarca todo: a los pies el coro colegial de madera y su rgano. En cada capilla un retablo; siete, renacentistas y barrocos. Y en el bside de la cabecera, destacando sobre todos ellos, el Retablo Mayor de la Asuncin.
Hay que acercarse despacio. El clic, clic de la calas en el pavimento suena irreverente. Sin prisa. Y frotarse los ojos para sobreponerse a la sorpresa.

El retablo se sita detrs del altar mayor (retro tabula) y se realiz entre 1490 y 1503. Es, por tanto, una obra del ltimo gtico anterior a la iglesia actual. Una obra maestra que no se hizo para Huesca, ni para Zaragoza, que hubiera merecido estar en Pars o en Brujas. Y que est en Bolea, 584 habitantes.

Su estructura es acorde al ltimo estilo medieval que tanto se resisti a desaparecer en los reinos peninsulares: en su parte baja, la ms accesible al espectador, se asienta el banco de tres pisos y sobre l, el cuerpo superior tambin de tres pisos escalonados y cinco calles, protegido por esa especie de marco llamado guardapolvo. Predominan los dorados y los motivos decorativos gticos como doseletes, traceras y gabletes. Y cincuenta y siete tallas policromadas del escultor Gil de Brabante. Que no est mal.
Pero todo esto queda eclipsado por la veintena de paneles pintados al temple en los que se deja atrs lo gtico e irrumpe un nuevo estilo, el Renacimiento. Y lo hace superando con rotundidad a obras mucho ms conocidas de "primitivos flamencos" y maestros italianos del "Quattrocento" que en los manuales de arte figuran como pioneros; por su colorido brillante y el naturalismo de arquitecturas y paisajes, por la plasmacin de los sentimientos, por el modelado de los volmenes, por su estudiada composicin, por la incorporacin de la luz, por el claroscuro

Y para muestra un botn: primer piso del cuerpo, primer registro o casamento por la izquierda, junto al ngel que porta el escudo con las barras de Aragn: tabla de La ltima Cena.
El gran problema de la pintura figurativa, la ruptura de la bidimensionalidad del soporte mediante trucos perspectivistas que simulen la profundidad, se solvent a lo largo del siglo XV con la perspectiva lineal vinculada al punto de fuga. Esto obliga a la inclusin de arquitecturas exteriores o interiores que reforzaran las lneas confluyentes. Dos buenos ejemplos al respecto son la Entrega de las Llaves a San Pedro de Perugino y la ltima Cena de Leonardo da Vinci. Pese a la importancia de estos maestros, en ambas obras la profundidad resulta demasiado escenogrfica y los personajes, en primersimo plano, parece que vayan a caerse fuera del cuadro. Pero es Italia.
El genial Leonardo pint su Cena entre 1495 y 1497. Es, por tanto, coetnea de la del retablo de la Asuncin de Bolea pero en sta la solucin al problema de la profundidad es mucho ms avanzada.
La gran mesa no se despliega a lo ancho como en un escenario, sentndose los doce apstoles y el Maestro en uno de sus lados mirando todos a la platea, dejando detrs suyo una profunda habitacin vaca. El truco es demasiado ingenuo y evidente. No. En Bolea la mesa se coloca en profundidad, en escorzo, con su punto de fuga desplazado hacia la derecha, mientras siete apstoles nos dan la cara sentados en un lateral y los cinco restantes aparecen de espaldas en el otro, mientras Cristo, de pie al fondo, se recorta en el ventanal.
Aqu el truco est muy elaborado. Ms adelante lo utilizar con plena soltura el veneciano Tintoretto en el Lavatorio de los pies. Ms Italia.
Lo verdaderamente sorprendente es que lo hiciera aqu, en un pueblo al pie de la Sierra de Guara, con ms soltura que Leonardo y cincuenta aos antes que Tintoretto, un pintor al que solo se conoce como el Maestro de Bolea.



Comentarios sobre este Post
0 usuarios han realizado 0 comentarios
    No existen comentarios para este post
Introduce tu comentario
Para introducir un comentario debes identificarte en Barrabes.com. Haz clic aqu para identificarte
Sobre este Blog
Blog creado por Snaefells el 21/04/2015

Para quienes estn un poco cansados de tanta fotografa y resea tcnica.


Archivo

Mis Categoras

ltimos Posts


Mis Tags