Atencin

Hector Sanmiguel

     

, 21:39

Ser un corredor de montaa

Publicado por Hector Sanmiguel  |  0 comentarios


La lmpara de mi mesilla hace tiempo que dej de tener bombilla y dar luz. La que cuelga del techo de la habitacin se sostiene sobre un fino cable, casi despegado del agujero que le da cabida; tan alta, mancha de sombras las pginas del libro que trato de leer, sin encontrar la postura correcta para sujetar su peso y que la claridad incida directamente sobre cada pgina, cada lnea y cada letra. La realidad se va transformando en nuestras mentes conforme el tiempo pasa, el mismo hecho adquiere vida propia y rebota de una pared del cerebro a la siguiente, transformndonos.
Solamos correr de noche, cuando el sol se pona. Un invierno en una ciudad del norte, oscura y lluviosa, con bosques verdes y rayos de luz que se colaban entre los rboles, nos exiga constancia y dedicacin plenas para continuar cada da con la pasin con la que nos agarrbamos a la siguiente zancada, para una tarde ms escribir de nuevo un mensaje "estoy en 5 min", mientras las ventanas dejaban correr el agua que la lluvia traa sin descanso y nos calzbamos de nuevo el nico par de zapatillas mojadas, encendiendo el frontal en el portal y saliendo a recorrer una noche ms el bosque y el barro, dos amigos, unas zapatillas y toda una pequea y oscura montaa que surcar con la imaginacin de unos ojos cerrados. All nos haramos constantes, kilmetro a kilmetro, metro a metro y noche a noche. Con cada rfaga de viento y lluvia nuestro espritu se volva libre, nuestro rostro fuerte, y nuestra pasin inmensa. All se esfum la delgada lnea que separa a cada corredor con el trazo que dibuja.

Probablemente una de las mayores riquezas a las que puede aspirar cualquier ser humano sea la obsesin. Convertir la pasin en obsesin y la obsesin en ti mismo es un proceso enfermizo e indescriptiblemente bello. Un desecho de una libertad plena, un gesto simple con el que eliminar la mortalidad de un cuerpo finito y explorar la infinitud de la experiencia, inabarcable, inmenso y libre, como una pluma en el aire, como una gota en el agua. Nunca has sentido la obsesin por algo? No hay una pasin tan grande en tu interior que te dobla las costillas?
La belleza de lo desconocido siempre ha estado ah. La satistaccin del trabajo bien hecho, la disciplina autoimpuesta y la consecucin de proyectos forman parte de la esencia del deportista, forman su caparazn de acero con el que creer ser algo. Con el que convercense de estar haciendo lo correcto. Pero qu lo es?

Mi esqueleto se mueve de un lado para otro sin una cadencia determinada, vacila suavemente de izquierda a derecha tratando de impulsar mi propio peso muerto a cada pedalada, ahora que la fuerza de mis piernas ya est agotada. Jugar con la carga corporal de uno mismo para avanzar ganar metros de altura me parece un acto sumamante heroico y absurdo. Una rareza como pocas. Llevo muchos meses sin dar una sola pedalada y mi mente acostumbrada a sobrevalorarse me conduce framente a otros valles, otras provincias y otros pases con la excusa de estar haciendo algo minimamente distinto. Algo en lo que ni yo mismo hubiera credo de haberlo visto en la piel de otro. Subir collados con un desarrollo no adaptado a mis condiciones corporales hizo que mi espalda trabajara ms de lo que ya lo hace subiendo montaas corriendo, la mochila carga las zapatillas, un pantaln de correr y algunas herramientas para la bicicleta, ya que me fo poco de su estado a travs de los aos que ha ido pasando. El proceso es simple pero la realidad siempre es dura. Esconder la bicicleta entre los matorrales y ponerse las zapatillas de correr para tratar de alcanzar una cima suena fcil pero es doloroso, los cudriceps gritan por clemencia y tu estmago trata de sacar afuera la cena de hace tres das. El primer kilmetro del regreso en bicicleta es apotesico y cmodo, la llegada a casa agnica.


La humedad invade cada centmetro de nuestros huesos y cada gramo de arroz sabe mejor que el anterior. La simplicidad hecha existencia depara claridad mental y calidez de espritu, unas montaas se recortan sobre la silueta de una mirada y el fro del atardecer aleja cualquier instante ya vivido. Cada instante de una vida que se realiza a travs del movimiento simboliza la perfeccin y la fragilidad de un acto simblico y efmero. Slo subir all para despus descender. Slo haber descendido para apreciar el ascenso. El sonido de una salida a punto de dispararse me imanta como si slo existiera el momento presente. Cada msculo, cada pestaeo y cada centmetro de aire existen slo para ese momento, para ese instante en el que la fuerza de cada prueba te empuja hacia tus lmites, hacia tu sufrimiento y hacia las nuevas emociones que encuentras por ese camino comprimido, por esa vida empaquetada bajo unas cifras, un recorrido y una meta. Donde todos lo damos todo para no encontrar nada. Donde el potencial y el espritu humano se llevan a su mxima expresin, bajo un mismo smbolo y sobre un mismo trazo. Amo correr por encima de todo, y su inmaterialidad impregna todo resquicio de realidad existente, por encima de cualquier cosa, por encima de mi mismo, y como parte de ello, cada carrera, cada ambiente, cada encuentro, es una explosin de diferentes espritus con una pasin compartida, cada uno con su msica, cada uno con su propia inquietud compartiendo un espacio fsico minsculo, donde cada cuerpo trata de encontrar su espritu a travs del resto.

Dos canciones muy distintas he escuchado en slo un puado de das con casi idntico resultado. Dos vidas comprimidas vividas intensamente en dos de los sitios ms bellos para experimentar cada una de ellas. La complejidad de esta actividad me absorbe, el rendimiento de mi cuerpo en cada ocasin es siempre un misterio y la mente difumina la realidad a su antojo, buscando casi siempre el camino ms fcil. Las montaas del macizo del Hautacam despuntan sobre la niebla y mis pasos son fuertes y seguros, siento como cada pierna vuela sobre el terreno y cada subida es una oportunidad para exprimir mi cuerpo hacia el cielo y hacia mis adentros. Las verdes laderas del valle de Aspe me hacen retorcerme con cada metro ganado y cada curva del sendero, mis piernas estn muertas y slo mi cabeza tira de un cuerpo condenado a retroceder. Dos viajes que ya se diluyen en la memoria y en el cansancio, dos oportunidades ms para explorar una actividad que se transforma a cada instante, dos nuevos intentos de experimentar una vez ms una vida corriendo, una carrera ms hacia la propia existencia.

Pero lo ms difcil de correr es siempre salir de casa, abrir la puerta y abandonar lo que ya habas conseguido.



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Sobre este Blog
Blog creado por Hector Sanmiguel el 15/06/2014

http://hectorsanmiguel.wordpress.com Correr por las montaas como poesa. Cuando una imagen ya no vale ms que mil palabras La estupidez de las cimas slo superada por la estupidez de los valles.


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