Atencin

Las montaas como pretexto

  

, 14:05

ELOGIO A LA VARA DE AVELLANO

Publicado por Snaefells  |  0 comentarios




A modo de revisin montaera del enigma de la esfinge

En el principio fue el palo.
Al menos desde la revolucin neoltica, cuando los pastores que poblaron las montaas por necesidades de su oficio comprobaron que se suban mejor las cuestas con l.
Y as ha seguido siendo durante miles de aos hasta que la revolucin industrial empez a complicar las cosas.
Subir montaas, y si es posible hasta su cima, se convirti en una actividad intelectual. No para los montaeses que, con aspiraciones tan prosaicas como sobrevivir, seguan subiendo cuestas con su palo, sino para los montaeros que desde entonces adujeron razones cientficas, estticas o deportivas; o simplemente ninguna.
Y aquellos ricos ociosos encargaron al herrero del pueblo que mejor le pona una punta de hierro al susodicho palo; y as naci el bastn herrado o alpenstock. Tambin los pioneros del esqu lo utilizaron como elemento estabilizador en sus deslizamientos. Y la cosa de ir por el monte se fue complicando, en lo instrumental, sin parar.
Al alpenstock le aadieron pronto una suerte de piqueta con azuela y naci el piolet. Muy largo al principio y as durante mucho tiempo, de modo que an serva para andar apoyndose en l a modo de bastn, pero empez a acortarse ms y ms y a hacerse ms y ms retorcido en aras de la especializacin que imponan las crecientes dificultades de la montaa. Y el resultado fue que lo de simplemente caminar se qued sin instrumento.
Paralelamente, el largo bastn de esqu tambin se redujo de tamao y al final fueron dos. Algunos todava los llamamos "palos de esqu". Su evolucin tambin fue imparable: bamb, aluminio, carbono, plegables, telescpicos...
Y cuando ya tenamos las rodillas hechas polvo, no de escalar ni de esquiar, sino de caminar, entonces se produjo el gran hallazgo, la gran conjuncin, los bastones de esqu podan usarse para eso! Pero, para caminar cmo? de paseo? de trekking? de marcha nrdica? Y la cosa ha terminado por ser un sindis.
Mis rodillas ya no tienen arreglo y mi garaje est lleno de herramientas para ir al monte que uso cada vez menos. As que, como han seguido haciendo los que de verdad saben de esto de andar por cuestas, he decidido volver a la vara de avellano. Puedo pasrmela de una mano a otra, apoyarme con las dos, regularla en altura a placer con un simple deslizamiento, colgar de ella un hatillo al hombro, sondear la profundidad del arroyo, remover el musgo buscando setas, ahuyentar a los perros...
Me he hecho con un montn de ellas; una para cada ocasin.



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Blog creado por Snaefells el 21/04/2015

Para quienes estn un poco cansados de tanta fotografa y resea tcnica.


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